Tempo in movimento  7 ore 10 minuti

Tempo  10 ore 9 minuti

Coordinate 5692

Caricato 19 giugno 2019

Recorded giugno 2019

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124 m
-7 m
0
8,2
16
32,74 km

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vicino A Guarda, Galicia (España)

Completa etapa la de hoy y quizás la más variada de todas las de este camino. Dejamos el núcleo de A Guarda saliendo del albergue municipal de peregrinos y girando tres veces consecutivos a la derecha para retomar las flechas amarillas. Pasamos por la ermita de la Virgen de la Guía para al poco después bajar hacia las playas de Fedorento y Area Grande. Pasado el párquing de esta última, cuando apenas llevamos 1 km de recorrido comenzamos uno de los tramos más singulares y bonitos de todo el camino, ya que vamos a poder observar la fuerza de la naturaleza y del mar en la que dicen ser la costa más agreste de Galicia. Caminamos por la que se conoce como Ruta de las Cetarias, viveros naturales utilizados en el pasado para conservar langostas, bogavantes, centollas y bueyes de mar. En el km 2,7 llegamos a la Cetaria Redonda, la más espectacular de todas ellas a la que vale la pena acercarse, con cuidado eso sí, especialmente si el oleaje es fuerte, para observarla de cerca. Justo allí encontramos una casa a medio construir y abandonada. Según nos comentó un paisano, la ley de costas paralizó su construcción, cosa de lo que nosotros nos alegramos aunque él no fuese de la misma opinión. Una modesta cuesta nos lleva a un nivel superior para alcanzar una agradable pista de tierra entre eucaliptus, campos y pinos, y donde podemos observar los estragos que hizo uno de los incendios que azotaron Galicia en el 2017. El camino nos devolverá a la carretera y un cartel nos dará la bienvenida al Concello de O Rosal. En el lugar de Portocelo, km 7,1, encontramos un chiringuito que abre en temporada alta y que nos resulta ideal para realizar la primera pausa de la jornada. Seguiremos la llamada estrada real para al poco de pasada la Ermita de San Sebastián y una fuente, llegar a Oia y su fotogénico monasterio, que aunque sea desde el exterior, bien merece una visita. Cogemos la rampa que baja justo delante del bar y la oficina de turismo, algo más atrás del monasterio, para continuar por un agradable tramo entre campos hasta que volvemos a salir a la carretera. Pasada la gasolinera las flechas nos llevan a cruzarla y pasar al otro lado para meternos entre casas y pasar por un curioso panel jacobeo que marca los 165 km a Santiago. Desde allí, llegamos en seguida a Porto Mougás, lugar que suele ser también final de etapa en función de cómo las hayamos distribuido. Un poco por camino y otra vez por la PO-552 y su carril bici pasaremos por el Camping O Muiño. Siguiendo el carril bici llegados a un punto la señalización nos hace recular para sacarnos más cerca de la costa en un bonito tramo herboso que no dura mucho, porque nos vuelve a sacar a la carretera, pero atención, en esta ocación para cruzarla con cuidado y abandonarla definitivamente en subida entre unas casas al otro lado. Entramos en uno de los tramos más bonitos y sin duda el de más montaña de este camino tan costero. Se trata de un camino de hierba, piedras y tierra que se conoce como el Camiño da Portela y que nos va a hacer subir a través de diferentes rampas hasta el punto más alto de la etapa 122,5 m (km 27,3). Vamos a pasar un par de cancelas que dejaremos cerradas a nuestro paso y a lo lejos vamos a poder ver en una bella imagen del Faro de Cabo Silleiro. Bajando ahora llegaremos a Baredo y sus casas, pasando por un cruceiro y algo más abajo un lavadero que invita a remojar los pies y por qué no, pasear por las pasarelas que hay junto al riachuelo. Desde allí, volvemos a subir un poco para bajar ya definitivamente hacia el barrio de San Antón de Baiona, que nos recibe con una curiosa fuente reformada a modo de torreón. Entramos en Baiona y nos dirigimos al céntrico y excelente albergue Estela do Mar.
Funcional albergue prácticamente a pie de camino para salir al día siguiente. Céntrico, dos espacios con literas, con cocina equipada y con una atención del hospitalero excelente (19-6-2019)
En el barrio guardés de Rivadavila las fiestas en honor a la Virgen de la Guía se celebran el primer fin de semana de septiembre.
Al final del aparcamiento de la playa de Fedorento comienza el tramo más agreste de la etapa y seguramente de toda el Camino Portugués de la Costa, durante el cual se avanza por un camino casi al nivel del mar y entre las rocas de la costa. Se trata de una parte de la Ruta de las Cetarias, recorrido habilitado para conocer estos viveros naturales utilizados antaño para conservar langostas, bogavantes, bueyes de mar y centollas; eran estructuras pétreas construidas al abrigo de las rocas, donde rompen las olas, aprovechando las mareas para renovar constantemente el agua, al objeto de mantener vivos los preciados crustáceos durante semanas. Un pescador nos comentó que en esa zona la mar suele picar brava y que en ocasiones, el camino por el que pasamos se hace imposible debido al fuerte oleaje que lo supera. En ese caso, a la salida de A Guarda se toma ya directamente la PO-552 que nosotros tomaremos algo más adelante.
El Monasterio cisterciense de Santa María (siglo XII), es el único de dicha orden construido frente al mar, en un emplazamiento espectacular y muy fotogénico. La iglesia del monasterio puede visitarse en horario de misas o bien solicitando la llave en el bar-estanco que hay 80 metros antes de llegar. El resto del edificio, cerrado a cal y canto, se halla inmerso en una batalla legal entre sus propietarios (una sociedad privada que quiere convertirlo en hotel y centro de talasoterapia), el Concello de Oia y la Xunta de Galicia.
¡Sólo faltan 165 km a Santiago de Compostela! Suponemos que siguiendo el Camino Portugués Central una vez alcanzada Redondela que es donde acaba el Camino Portugués de la Costa...
En el albergue privado Aguncheiro, todo un referente del Camino Portugués de la Costa, nos sellarán la credencial y si decidimos acabar la etapa aquí, pueden indicarnos lugares interesantes a visitar, como el castro de A Cabeciña y su conjunto de petroglifos, las pozas del río o dónde ver caballos salvajes; además, si el hambre acucia, al lado disponemos de un bar-restaurante. A los que se quedan en Porto Mougás se les recomienda no perderse la puesta de sol sobre el océano, un espectáculo sublime que los lugareños disfrutan a diario desde la puerta de sus casas, en primera línea de costa.
En este bonito tramo del camino seguimos un calzada antiquísima, seguramente romana, con losas de piedra, utilizada durante siglos tanto para el pastoreo del ganado como por mercaderes en carros tal y como nos demuestran las hendiduras en las piedras para guiar el paso de las ruedas. En este tramo por monte, donde deberemos abrir y cerrar varias cancelas, si tenemos suerte podemos ver caballos salvajes; son de una raza autóctona y se utilizan en la famosa fiesta de los Curros o Rapa das Bestas que se celebra en varias localidades entre mayo y julio, donde una multitud acorrala a los equinos para meterlos en el curro, que es un recinto cerrado, para raparles la crin y marcarlos.

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